Cuevas, vino y oficios

Arquitectura, vino y tradición oral

Bajo la tierra de Illana

En Illana, el subsuelo fue habitación, bodega, refugio y almacén. El antiguo Barrio de las Cuevas reunía viviendas excavadas; muchas casas guardaron bodegas familiares y grandes tinajas ligadas a siglos de cultivo de la vid.

25+tinajas recuperadas de la bodega del palacio, según la fuente municipal
1560el vino illanito y el recibimiento de Isabel de Valois, según la síntesis municipal
Tradicióngalerías y pasadizos conservados en los recuerdos del pueblo

Las Cuevas del Marqués añaden otra capa: ruinas de función defensiva transformadas después para el vino. Las bodegas domésticas y los relatos de galerías bajo las casas componen un patrimonio subterráneo de usos materiales y recuerdos transmitidos.

Vino de Illana para una celebración real

La síntesis publicada por el Ayuntamiento relaciona el vino illanito con los banquetes del recibimiento de Isabel de Valois en Madrid, después de su matrimonio con Felipe II en el Palacio del Infantado de Guadalajara, en 1560. La referencia sitúa la fama de estos vinos ya en el siglo XVI y distingue la boda en Guadalajara de las celebraciones posteriores en Madrid.

Es una noticia recogida en la divulgación histórica municipal, no la transcripción de una cuenta de banquete consultada aquí. Más tarde, las bodegas y las actividades impulsadas por Juan de Goyeneche prolongaron la importancia económica del vino en Illana.

Ayuntamiento · El vino y el recibimiento de Isabel de Valois (se abre en otra pestaña) · Herrera Casado · Las bodas de 1560 (se abre en otra pestaña)

El Barrio de las Cuevas: vivir dentro de la tierra

En la vertiente de la Solana, la pendiente permitió excavar viviendas que se abrían al exterior mediante puertas y fachadas. Las síntesis públicas de Illana recuerdan más de cincuenta casas cueva y una población importante instalada en ellas; la cifra describe la dimensión histórica del barrio, no un censo de las cavidades que hoy pueden visitarse.

El entorno de las Tenerías y el tramo de Martín García-Abad enlazan con el Camino de los Huertos, un recorrido ligado en la memoria local a las viviendas excavadas y a la plaza donde se instalaba la plaza de toros portátil. La casa cueva era hogar antes que curiosidad: lugar para cocinar, descansar, guardar alimentos y criar a una familia. La estabilidad del ambiente interior favorecía también las funciones de bodega y almacén.

El abandono, las nuevas casas y los cambios de trabajo transformaron el conjunto. Permanecieron nombres, accesos y recuerdos de habitantes que habían vivido entre la roca y la calle. Las tinajas y bodegas prolongan esa relación con la tierra y con un vino que durante siglos dio carácter a Illana.

La cueva de los Esqueletos

El testimonio local facilitado al proyecto sitúa una cavidad bajo la iglesia parroquial y recuerda que su entrada apareció durante una intervención en el templo. Según ese recuerdo, el acceso fue posteriormente sellado. Se conserva aquí como noticia de un espacio del subsuelo y de su localización transmitida.

El nombre ha acompañado relatos y preguntas sobre el lugar. La memoria de la entrada y las historias asociadas a la denominación son aspectos distintos: esta página no añade dimensiones, hallazgos óseos ni conexiones que el testimonio no describe.

El Pilón y los pasadizos del casco histórico

Se contaba que bajo el Pilón de la plaza existían cavidades y que algunas galerías comunicaban casas importantes, el Palacio Goyeneche y la iglesia. Las bodegas reales, abiertas bajo numerosas viviendas, dieron a estos relatos un paisaje cercano y reconocible.

La memoria del pueblo conserva esas comunicaciones como tradición de su casco antiguo. El hecho de que una casa tenga bodega no dibuja por sí solo una red completa: los recuerdos de pasadizos se mantienen con su carácter oral, junto a la arquitectura subterránea que explica cómo se almacenaba y vivía en Illana.

Las Vistillas y las eras sobre una construcción desaparecida

Otro recuerdo local sitúa en las Vistillas una antigua construcción sobre cuya cubierta había eras utilizadas por generaciones de agricultores. El edificio fue demolido para levantar viviendas. Esa superposición de un espacio de trabajo sobre otro volumen construido es una de las imágenes singulares que conserva la memoria urbana.

Su posible antigüedad medieval pertenece a la interpretación transmitida sobre el lugar. Lo que permanece en el relato es su uso, la relación con las eras y su desaparición durante el cambio del caserío.

El valle y su subsuelo también resuenan en El Valle no te suelta (se abre en otra pestaña), de Tolmarher: un eco literario de este paisaje en la serie Aquel Pueblo.

Ayuntamiento de Illana · Los vinos de Illana (se abre en otra pestaña) · Historia del Barrio de las Cuevas (se abre en otra pestaña)

La cueva bajo la iglesia, el Pilón y las Vistillas se describen a partir de la memoria local facilitada al proyecto.

El hierro, el agua y las manos

La Illana de los oficios desaparecidos

El pueblo agrícola necesitaba mucho más que tierra de labor. Herreros, arrieros, bodegueros, trabajadores del cuero y familias dedicadas al campo formaban una red de servicios que hacía posible reparar una herramienta, guardar una cosecha o recibir a quien llegaba por los caminos.

Las tenerías impulsadas en tiempos de Goyeneche añadieron oficios especializados a esa economía. El vino requería bodegas, recipientes y transporte; el trabajo agrícola, animales de tiro y aperos mantenidos en buen estado. La existencia de fábricas de aceite y harina aparece en las síntesis históricas de la localidad, aunque cada instalación tuvo su propia evolución. Las posadas y los alojamientos conservados en la memoria del pueblo recuerdan también el tránsito de viajeros.

Las fraguas de la Umbría y de Santa Ana

La memoria local distingue dos establecimientos hoy desaparecidos. Una fragua se encontraba hacia el extremo de la Umbría; la otra, en la entrada de la Villa por la calle Santa Ana. Esta localización transmitida por las familias conserva una geografía del trabajo que las nuevas viviendas y usos urbanos han transformado.

En la fragua, el fuego y el martillo prolongaban la vida del hierro: herramientas, piezas de carros y elementos necesarios para trabajar con los animales. No era únicamente un taller; el ritmo de los encargos y de las reparaciones seguía el calendario del campo, y su puerta era un lugar de conversación y encuentro.

La antigua casa-hospital y los servicios del camino

La descripción decimonónica de Illana recogida por Pascual Madoz menciona una casa-hospital que ya se encontraba deteriorada y había dejado su función original. Esta referencia sitúa la asistencia a personas necesitadas dentro de la historia local. La calle Hospital conserva, por su parte, un nombre que acompaña los recorridos del pueblo, sin que por ello deba identificarse automáticamente cada edificio actual con aquella institución.

Ese papel en los caminos se suma a una antigua posición de prestigio en el alfoz o Común de Zorita, al que Illana perteneció bajo la Orden de Calatrava. La guía de ADASUR la recuerda como la villa considerada más antigua de ese Común y señala su prerrogativa de intervenir antes que las demás poblaciones. Esa precedencia ayuda a entender la relevancia histórica de Illana dentro del antiguo territorio calatravo.

ADASUR · Illana en el Común de Zorita, p. 142 (se abre en otra pestaña)

Los lavaderos: agua y vida compartida

Hay dos recuerdos que conviene mantener separados. Uno es el antiguo lavadero de piedra, desaparecido, relacionado con el entorno del Barrio de las Cuevas y con las referencias locales a Martín García Abad. Otro es el lavadero de la calle del Soto, cerca de la GU-250, cuya conservación y restauración por el Ayuntamiento forman parte de la memoria aportada al proyecto.

El lavado era trabajo doméstico, tiempo y esfuerzo. A su alrededor circulaban noticias, conversaciones y recuerdos; el agua organizaba una parte del día y una forma de convivencia. La fuente y el Pilón cumplían otras funciones, como el abastecimiento y el abrevado de animales. Los testimonios publicados de Antonio y Teresa permiten evocar el ir y venir de caballerías junto a la plaza, sin confundir ese espacio con los lavaderos.

Illana y la descripción histórica de Madoz (se abre en otra pestaña) · Antonio y Teresa: recuerdos de la vida cotidiana (se abre en otra pestaña)

Las localizaciones de las dos fraguas y los recuerdos de los lavaderos se conservan como memoria local aportada a este proyecto.